La gente me hace muchas preguntas a través de nuestros programas «Prison Professors». Algunos preguntan sobre las condenas. Otros preguntan sobre la Ley del Primer Paso. Otros preguntan cómo prepararse para la cárcel o cómo ayudar a un ser querido a volver a casa más fuerte.
La pregunta que quiero responder hoy es esta:
¿Cuáles son las estrategias eficaces para la reforma penitenciaria?
Agradezco esa pregunta porque he estado pensando en ella desde el principio de mi trayectoria, cuando me encerraron en régimen de aislamiento en agosto de 1987.
En aquel momento, no sabía mucho sobre la reforma penitenciaria. Solo sabía que había tomado malas decisiones. Había infringido la ley. Más tarde, un juez federal me condenaría a 45 años de prisión por mi participación en el tráfico de cocaína. Yo era responsable de las decisiones que me llevaron a entrar en el sistema.
Pero mientras estaba en régimen de aislamiento, empecé a pensar de otra manera.
Me hacía preguntas:
¿Qué puedo aprender de esta experiencia?
¿Cómo puedo reconciliarme con la sociedad?
¿Cómo puedo aprovechar este tiempo para salir fortalecido?
¿Qué haría falta para salir de la cárcel con mi dignidad intacta?
¿Qué haría falta para convertirme en un ciudadano respetuoso con la ley y que contribuye a la sociedad?
Esas preguntas marcaron el resto de mi vida.
También marcaron mi forma de pensar sobre la reforma penitenciaria.
El sistema cambió cuando ingresé en prisión
Cuando empecé a cumplir mi condena, el sistema penitenciario federal estaba atravesando una gran transición.
Antes de que cambiara la ley, el sistema federal contaba con un proceso de libertad condicional. Bajo ese antiguo sistema legal, la Comisión de Libertad Condicional de los Estados Unidos actuaba como un organismo independiente que podía evaluar el progreso de una persona.
Por ejemplo, si un juez condenaba a una persona a nueve años de prisión, esa persona podía saber que, tras cumplir unos tres años, podría comparecer ante la junta de libertad condicional. La junta de libertad condicional tenía discrecionalidad. Podía evaluar la conducta, el crecimiento personal, la educación, el arrepentimiento y la preparación de la persona. Si la persona había acumulado un buen historial, la junta de libertad condicional podía liberarla para que cumpliera el resto de la condena en la comunidad.
Ese sistema creaba un incentivo.
Una persona podía preguntarse:
¿Qué puedo hacer hoy para demostrar que merezco más libertad?
¿Cómo puedo demostrar mi responsabilidad?
¿Cómo puedo demostrar que me estoy preparando para vivir de forma responsable?
¿Cómo puedo demostrar que contribuiré a la sociedad?
Entonces cambió la ley.
Se abolió la libertad condicional federal. Las leyes de «veracidad en las condenas» exigían que las personas cumplieran la mayor parte de la pena impuesta por el juez. En el sistema federal, eso significaba que las personas cumplirían alrededor del 85 % de la condena.
Cuando ingresé en el sistema, la población carcelaria federal oscilaba entre 30 000 y 40 000 personas. Con el tiempo, esa población creció hasta superar las 200 000 personas. Los sistemas penitenciarios estatales también se expandieron. En todo el país, construimos más prisiones, llenamos más camas y medimos la justicia por el número de páginas del calendario que pasaban.
Pero no nos preguntamos lo suficiente sobre los resultados.
¿Las condenas más largas hicieron que las comunidades fueran más seguras?
¿Redujeron la reincidencia?
¿Ayudaron a las personas a reintegrarse en la sociedad?
¿Prepararon a las personas para el trabajo, las responsabilidades familiares y la ciudadanía?
Esas son las preguntas que importan.
El problema de medir la justicia solo por el tiempo
Un juez impone una sentencia. Esa sentencia es una consecuencia. Las personas que infringen la ley deben esperar consecuencias.
Nunca minimizo esa verdad.
Pero una vez que comienza a cumplirse la sentencia, surge otra pregunta más importante:
¿Qué hará la persona con ese tiempo?
Si el sistema solo mide la justicia por el número de días que una persona pasa entre rejas, entonces perdemos la oportunidad de influir en su comportamiento.
Deberíamos querer que las personas crezcan.
Deberíamos querer que las personas aprendan.
Deberíamos querer que las personas se preparen para el empleo.
Deberíamos querer que las personas construyan familias más sólidas.
Deberíamos querer que las personas comprendan el daño que han causado y trabajen para repararlo.
Debemos querer que las personas salgan mejor de lo que estaban cuando entraron.
Eso no ocurre por casualidad.
Ocurre cuando creamos sistemas que incentivan la búsqueda de la excelencia.
Qué significa incentivar la excelencia
Cuando utilizo la expresión «incentivar la excelencia», no me refiero a repartir recompensas sin esfuerzo.
Me refiero a crear un sistema que diga:
Si te formas, eso debería importar.
Si desarrollas tus habilidades, eso debería importar.
Si contribuyes a la sociedad, eso debería importar.
Si documentas tu crecimiento, eso debería importar.
Si elaboras un plan de lanzamiento, eso debería importar.
Si creas una red de apoyo, eso debería importar.
Si te preparas para el empleo, eso debería importar.
Si demuestras responsabilidad y arrepentimiento, eso debería importar.
Ese tipo de sistema sería más coherente con la forma en que funciona Estados Unidos.
En Estados Unidos, una persona puede empezar en un puesto de nivel básico. Si esa persona aprende, trabaja duro, desarrolla habilidades y demuestra su fiabilidad, se le abren más oportunidades. La persona puede asumir más responsabilidades. Con más responsabilidades, la persona puede obtener mayores ingresos. Con mayores ingresos, la persona puede fortalecer a su familia y contribuir a la comunidad.
Necesitamos una estructura similar dentro de las prisiones.
La gente debería saber que, si se esfuerza por alcanzar la excelencia, puede ganarse mayores niveles de responsabilidad y libertad.
No porque digan que han cambiado.
Sino porque pueden demostrarlo.
Mi propia estrategia
No podía cambiar la condena de 45 años que me impuso un juez. No podía cambiar las malas decisiones que había tomado. No podía cambiar la ley que abolió la libertad condicional.
Pero sí pude cambiar la forma en que cumplí la condena.
Los líderes me enseñaron a dejar de quejarme de lo que no podía controlar y a empezar a centrarme en lo que podía construir.
Por eso creé una estrategia de tres pilares para guiarme a lo largo de 9.500 días en prisión.
En primer lugar, me formaría.
En segundo lugar, contribuiría a la sociedad de formas significativas y cuantificables.
En tercer lugar, construiría una sólida red de apoyo.
Esa estrategia me dio una dirección.
No quería dejarme llevar por la prisión. No quería que la cultura carcelaria me definiera. No quería adaptarme al confinamiento de formas que me hicieran menos capaz de tener éxito tras mi puesta en libertad.
Quería trabajar.
Quería crecer.
Quería prepararme.
Así que definí el éxito en cada ámbito.
En cuanto a la educación, el éxito significaba obtener un título universitario.
En cuanto a la contribución, el éxito significaba convertirme en un autor publicado.
En cuanto al apoyo, el éxito significaba encontrar a personas que no conocía y convencerlas de que creyeran en mí, me guiaran y formaran parte de mi red de apoyo.
Luego fijé un plazo.
Me di diez años para alcanzar esos objetivos.
Dado que tenía una condena de 45 años, diez años me parecieron realistas. Me dio tiempo suficiente para trabajar, pero también creó una sensación de urgencia. No podía esperar a que el sistema cambiara. Tenía que cambiar yo mismo.
Al mantener la disciplina, logré esos objetivos en ocho años en lugar de diez.
Esas decisiones iniciales cambiaron mi vida.
Al formarme a mí mismo, me volví más capaz.
Al escribir y publicar, aprendí a comunicarme.
Como creé una red de apoyo, más personas me abrieron puertas.
Para cuando terminé de cumplir 9.500 días en prisión el 12 de agosto de 2013, tenía oportunidades de ingresos esperándome. Empecé a trabajar como profesor. Esa oportunidad no vino de la suerte. Vino de las semillas que planté cada día mientras estuve dentro.
Esa experiencia me convenció de que más personas deberían tener incentivos para prepararse.
La reforma debe comenzar por el individuo
Mucha gente habla de la reforma penitenciaria como si solo dependiera de los legisladores, los jueces, los administradores o los grupos de defensa.
Esas partes interesadas son importantes.
Pero la reforma también empieza por el individuo.
Cada persona en prisión puede preguntarse:
¿Qué estoy haciendo hoy para prepararme para el éxito de mañana?
¿Qué estoy aprendiendo?
¿Qué estoy construyendo?
¿Qué historial estoy creando?
¿Quién creerá en mí gracias al trabajo que estoy haciendo?
¿Cómo influirán mis acciones de hoy en mis perspectivas de libertad en el futuro?
Nadie puede responder a esas preguntas por la persona.
Un abogado no puede hacer ese trabajo.
Un asistente social no puede hacerlo.
Un familiar no puede hacer ese trabajo.
Una organización sin ánimo de lucro no puede hacer ese trabajo.
Solo la persona puede tomar las decisiones diarias que construyen un historial más sólido.
Por eso nuestro trabajo en Prison Professors se centra en el aprendizaje autodirigido.
Queremos que las personas comprendan la relación entre las decisiones que toman hoy y las oportunidades que pueden surgir en el futuro.
La reforma también debe ampliar la base de apoyo
Cuando volví a la sociedad, comprendí que tenía que convertirme en embajador de este mensaje.
No podía limitarme a hablar de lo que fallaba en el sistema penitenciario. Tenía que mostrar lo que podía salir bien cuando una persona se prepara bien.
Eso significaba que primero tenía que trabajar en mí mismo.
Después, tenía que elaborar un mensaje que los demás pudieran entender.
El público en general quiere comunidades más seguras. Los empleadores quieren trabajadores fiables. Las familias quieren que sus seres queridos vuelvan a casa más fuertes. Los administradores quieren instituciones más seguras. Los contribuyentes quieren mejores resultados por el dinero que se gasta en prisiones.
Si queremos una reforma, tenemos que dirigirnos a todos esos públicos.
No podemos conseguir apoyo limitándonos a decir que las prisiones no funcionan.
Tenemos que mostrar una forma mejor.
Tenemos que demostrar que, cuando las personas se preparan, los resultados mejoran.
Tenemos que demostrar que la educación, la responsabilidad y el progreso documentado pueden conducir a comunidades más seguras.
Por eso empecé a llevar programas a las prisiones.
Nunca se trató de mí.
Se trataba de llegar a más personas con un mensaje:
Puedes empezar a prepararte hoy mismo.
Puedes trazar un plan.
Puedes documentar tu crecimiento.
Puedes desarrollar habilidades.
Puedes crear una red de apoyo.
Puedes esforzarte por convertirte en un ciudadano respetuoso con la ley y que contribuye a la sociedad.
El papel de la plataforma Profiles
En Prison Professors, estamos creando herramientas que ayudan a las personas a documentar su crecimiento.
La plataforma Profiles forma parte de esa estrategia.
A través de la plataforma, las personas pueden dejar constancia de los pasos que están dando para prepararse para el éxito. Pueden escribir biografías. Pueden llevar un diario. Pueden redactar reseñas de libros. Pueden elaborar planes de reinserción. Pueden recopilar testimonios. Pueden mostrar al mundo cómo están trabajando para reconciliarse con la sociedad y prepararse para el mercado laboral.
Ese historial es importante.
Si una persona quiere un trabajo tras su puesta en libertad, un empleador querrá saber:
¿Quién es esta persona hoy?
¿Qué ha aprendido esta persona?
¿Qué habilidades ha desarrollado esta persona?
¿Qué pruebas demuestran su fiabilidad?
¿Quién apoya a esta persona?
¿Cómo se ha preparado esta persona para el éxito?
Un perfil sólido puede responder a esas preguntas.
Si una persona quiere abogar por el arresto domiciliario, la reinserción en la comunidad, el indulto, la libertad por motivos humanitarios o la terminación anticipada de la libertad supervisada, las partes interesadas querrán pruebas. Un perfil sólido puede ayudar a proporcionar esas pruebas.
Actualmente contamos con cerca de 8.000 personas en nuestro sistema de perfiles. Calificamos y hacemos un seguimiento de las formas en que las personas están dejando constancia de su camino hacia el éxito. Esos datos nos ayudan a abogar por reformas que recompensen el esfuerzo, la responsabilidad y la preparación.
Queremos demostrar que las personas son más que sus peores decisiones.
Pero la persona debe esforzarse para demostrarlo.
Preparación para el mercado laboral
Una de las estrategias de reforma más importantes es preparar a las personas para el empleo.
El mercado laboral no es favorable para las personas con antecedentes penales. Cualquiera que haya pasado por el sistema comprende esa realidad.
Una persona puede volver a casa dispuesta a trabajar, pero los empleadores pueden mostrarse reticentes. Las solicitudes pueden preguntar por los antecedentes penales. Las comprobaciones de antecedentes pueden suponer un obstáculo. Los periodos de inactividad laboral pueden suscitar dudas. La falta de competencias digitales puede dificultar aún más la transición.
Por eso, la preparación debe comenzar mucho antes de la puesta en libertad.
Las personas deben aprovechar su tiempo en prisión para desarrollar habilidades que los empleadores valoran:
Comunicación
Pensamiento crítico
Fiabilidad
Disciplina
Redacción
Lectura
Alfabetización financiera
Alfabetización digital
Responsabilidad
Trabajo en equipo
Resolución de problemas
También deben aprender a contar su historia.
Una persona que vuelve a casa debería poder decir:
Tomé malas decisiones. Acepto la responsabilidad. Aproveché mi tiempo para aprender, crecer y prepararme. Aquí está el historial que he construido. Aquí están los libros que he leído. Aquí están los cursos que he completado. Aquí están las personas que me apoyan. Aquí está mi plan de reinserción. Así es como voy a contribuir.
Ese mensaje puede abrir puertas.
A mí me abrió puertas.
Puede abrir puertas a otros.
La reforma debería hacer que las prisiones se parezcan más a Estados Unidos
Si queremos que las personas se reinserten con éxito en la sociedad, deberíamos hacer que las prisiones se parezcan más a la sociedad en la que queremos que se integren.
En Estados Unidos, esperamos que las personas trabajen, aprendan, contribuyan y establezcan relaciones. Esperamos que las personas resuelvan problemas. Esperamos que las personas tomen la iniciativa. Esperamos que las personas se preparen para las oportunidades.
Las prisiones deberían fomentar el mismo comportamiento.
En cambio, demasiadas prisiones funcionan de manera que premian la pasividad. La gente espera. Cuenta el tiempo. Se adapta a la institución. Aprende los valores de la prisión en lugar de los valores de la comunidad.
Eso no contribuye a la seguridad pública.
Una estrategia eficaz de reforma penitenciaria crearía vías claras.
Una persona entraría en el sistema y aprendería:
Así es como puedes empezar a prepararte.
Así es como puedes documentar tu trabajo.
Así es como puedes conseguir mayores niveles de responsabilidad.
Así es como puedes crear un historial que se tenga en cuenta.
Así es como tus decisiones de hoy pueden influir en tu futuro.
Esa estructura cambiaría la forma en que muchas personas se adaptan.
Influiría en los libros que leen.
Influiría en las personas con las que pasan el tiempo.
Influiría en su decisión de inscribirse en programas.
Influiría en si escriben, reflexionan y elaboran un plan de reinserción.
Influiría en si piensan en el empleo antes de la puesta en libertad.
Eso es la reforma.
Necesitamos datos, no eslóganes
La reforma penitenciaria no puede depender únicamente de eslóganes.
Necesitamos datos.
Necesitamos ejemplos.
Necesitamos perfiles.
Necesitamos historias documentadas de personas que aprovechan bien el tiempo y regresan a casa preparadas para contribuir.
Cuando recopilemos esa evidencia, podremos demostrar a los responsables políticos y a los administradores que los incentivos funcionan.
Podemos demostrar que las personas que se preparan bien tienen más probabilidades de triunfar.
Podemos demostrar que la libertad ganada por méritos propios no es una teoría. Es una estrategia práctica para mejorar los resultados.
Por eso es importante la transparencia.
Cuando las personas documentan su crecimiento, se ayudan a sí mismas. También ayudan a los demás. Sus registros pasan a formar parte de un movimiento más amplio para demostrar que el sistema debería recompensar la preparación y la responsabilidad.
Una forma mejor que encerrar a las personas
No deberíamos medir la justicia solo por el tiempo que una persona permanece en una jaula.
Ese enfoque tiene consecuencias.
Cuando las personas pasan años en entornos que no fomentan el crecimiento, pueden desconectarse aún más de la sociedad. Pueden perder los lazos familiares. Pueden perder los hábitos de trabajo. Pueden verse más influenciadas por la cultura carcelaria. Pueden regresar a casa con menos herramientas de las que necesitan para tener éxito.
Eso no ayuda a las víctimas.
Eso no ayuda a las familias.
Eso no ayuda a los contribuyentes.
Eso no ayuda a las comunidades.
Una estrategia mejor se preguntaría:
¿Cómo animamos a la gente a crecer?
¿Cómo preparamos a las personas para el empleo?
¿Cómo fortalecemos a las familias?
¿Cómo recompensamos la responsabilidad?
¿Cómo creamos incentivos para que las personas se reincorporen a la sociedad?
¿Cómo hacemos que nuestras comunidades sean más seguras?
Esas preguntas conducen a mejores respuestas.
La reforma requiere responsabilidad personal y oportunidades
Algunas personas hablan de la reforma solo en términos de oportunidad. Otras hablan solo en términos de responsabilidad personal.
Creo que necesitamos ambas cosas.
Una persona que ha infringido la ley debe asumir su responsabilidad.
Eso significa que no hay excusas.
Significa reconocer el daño causado.
Significa esforzarse por reparar el daño causado.
Significa prepararse para vivir de otra manera.
Pero el sistema también debería crear oportunidades para las personas que realizan ese esfuerzo.
Si alguien acumula un historial sólido con el tiempo, las partes interesadas deberían poder revisar ese historial. Si alguien desarrolla habilidades, contribuye a los demás, documenta su crecimiento y se prepara para el empleo, el sistema debería reconocer ese esfuerzo.
Así es como creamos incentivos.
Así es como fomentamos mejores decisiones.
Así es como mejoramos los resultados.
El enfoque de Prison Professors
En Prison Professors, abogamos por reformas basadas en la búsqueda de la excelencia.
No pedimos a la gente que espere pasivamente a que se produzca el cambio.
Pedimos a las personas que formen parte del cambio.
Ofrecemos recursos gratuitos porque queremos que todas las personas, independientemente de la duración de su condena, el nivel de seguridad o sus recursos económicos, tengan acceso a estrategias que les ayuden a prepararse.
Nuestros cursos enseñan a definir el éxito, elaborar planes, establecer prioridades, desarrollar herramientas y recursos, medir el progreso y ponerlo en práctica cada día.
Esos son los mismos principios que me enseñaron los líderes.
Esos son los mismos principios que me ayudaron a superar 26 años en prisión.
Esos son los mismos principios que me ayudaron a crear oportunidades tras mi puesta en libertad.
Y esos son los mismos principios que pueden ayudar a otros a prepararse para obtener mejores resultados.
La reforma efectiva empieza hoy
A veces, la gente espera a que cambien las leyes antes de empezar a prepararse.
Entiendo por qué. El sistema puede parecer abrumador. La gente puede sentirse desanimada. Puede sentir que nada de lo que hace importa.
Pero sé por experiencia que el trabajo importa.
Incluso cuando no tenía fecha de libertad condicional, trabajé.
Incluso cuando no sabía si a alguien le importaría, trabajé.
Incluso cuando me quedaban décadas por cumplir, trabajé.
Ese trabajo cambió la forma en que me veía a mí mismo. Cambió la forma en que los demás me veían. Me abrió las puertas a nuevas relaciones. Me abrió nuevas oportunidades. Me preparó para la vida después de la cárcel.
Por eso animo a todas las personas de nuestra comunidad a empezar hoy mismo.
Lee un libro.
Escribid una reseña.
Empieza un diario.
Elabora un plan de reinserción.
Escribe una biografía.
Pide un testimonio.
Aprende una habilidad.
Ayuda a otra persona.
Documenta el proceso.
Esos pequeños pasos se convierten en un conjunto de logros. Ese conjunto de logros se convierte en evidencia. La evidencia puede convertirse en defensa. La defensa puede abrir oportunidades.
La reforma que defendemos
La reforma penitenciaria que apoyamos es sencilla:
Crear sistemas que incentiven a las personas a buscar la excelencia.
Animar a las personas a trabajar para ganarse la libertad por méritos propios.
Preparar a las personas para el empleo y la contribución.
Crear registros transparentes que muestren el progreso.
Utilizar datos e historias para convencer a las partes interesadas.
Abrir más vías para que las personas alcancen mayores niveles de libertad cuando demuestren estar preparadas.
Este enfoque no ignora la rendición de cuentas.
La refuerza.
Le dice a cada persona:
Tu pasado importa, pero tu futuro depende de lo que hagas ahora.
No puedes cambiar el ayer, pero puedes construir un mejor historial hoy.
No puedes controlar todas las decisiones del sistema, pero sí puedes controlar el esfuerzo que pones.
Puedes prepararte.
Puedes crecer.
Puedes contribuir.
Puedes construir un camino hacia el éxito.
Ese es el mensaje de Prison Professors.
Esa es la reforma en la que creo.
Y si estás pasando por el sistema, o si quieres a alguien que está pasando por el sistema, quiero que sepas que creo en ti.
Pregunta de reflexión autodirigida
¿Qué historial estás construyendo hoy que demuestre a las partes interesadas que te estás preparando para vivir como un ciudadano respetuoso con la ley y contribuyente, digno de mayores niveles de libertad?