Las personas que siguen los cursos de Prison Professors en cárceles y centros penitenciarios de todo Estados Unidos nos envían muchas preguntas.
A veces nos escriben directamente. A veces es un familiar quien envía la pregunta. A veces es un miembro del personal quien nos la transmite.
Una de las preguntas que recibí fue esta:
¿Cómo podemos sacar a la luz la verdadera naturaleza del sistema penitenciario?
Entiendo por qué alguien haría esa pregunta.
Una persona que vive dentro del sistema ve cosas que mucha gente en la sociedad nunca ve. Puede que vea violencia. Puede que vea a la gente adaptarse a las bandas. Puede que vea cómo el fracaso se convierte en algo normal. Puede que vea a miembros del personal a los que no parece importarles si alguien se prepara para un futuro mejor. Puede ver un sistema que habla de rehabilitación, pero que no siempre crea las condiciones que conducen a ella.
Una persona que está dentro puede querer que el mundo lo sepa.
Pero, en mi opinión, la mejor pregunta no es:
¿Cómo denunciamos el sistema penitenciario?
La mejor pregunta es:
¿Cómo conseguimos el resultado que queremos?
Esa distinción es importante.
Si queremos cambiar los resultados, tenemos que pensar estratégicamente. Tenemos que pensar en el público. Tenemos que pensar en lo que valora la gente en la sociedad. Tenemos que entender el mensaje que han escuchado durante décadas. Y luego tenemos que construir una historia mejor, una que muestre cómo mejorar los resultados penitenciarios beneficia a todos.
¿Qué quiere la sociedad?
La mayoría de la gente en la sociedad quiere comunidades más seguras.
Quieren que bajen las tasas de delincuencia.
Quieren que sus familias vivan en paz.
Quieren que sus hijos crezcan sin miedo.
Muchas personas creen que las prisiones son la solución porque son lo único que conocen. Durante más de 50 años, Estados Unidos ha vivido una era de encarcelamiento masivo. Construimos más prisiones. Aprobamos leyes de sentencias más severas. Redujimos o eliminamos la libertad condicional en muchos sistemas. Medimos la justicia por la duración de una sentencia.
Ese enfoque ha moldeado la forma de pensar de la gente.
Si alguien infringe la ley, mucha gente cree que la respuesta adecuada es sencilla:
Encerrar a esa persona.
Alargar la condena.
Hacer que el encarcelamiento sea más duro.
Esa creencia no surgió de la nada. Se desarrolló todo un ecosistema en torno al encarcelamiento masivo. Políticos, fiscales, voces de los medios de comunicación, sindicatos penitenciarios, proveedores privados y otros influyeron en el mensaje. Durante décadas, el mensaje fue que el castigo haría que la sociedad fuera más segura.
Así que cuando una persona en prisión dice: «Tenemos que sacar a la luz el sistema», es posible que mucha gente en la sociedad no le escuche. Pueden decir: «Bien. La cárcel debe ser dura».
Por eso debemos tener cuidado con nuestro mensaje.
Si solo hablamos de lo mala que es la cárcel, puede que no convenzamos a las personas que tienen el poder de apoyar el cambio. Pero si demostramos que unos resultados mejores conducen a comunidades más seguras, familias más fuertes, menores costes y ciudadanos más respetuosos con la ley, empezamos a construir un terreno común.
El objetivo no es la denuncia
No estoy diciendo que debamos ignorar los problemas.
Debemos ser sinceros.
El sistema penitenciario tiene muchos problemas. En muchos lugares, las personas no tienen suficiente acceso a una educación significativa. No reciben suficientes incentivos para esforzarse por superarse. Pueden pasar años en un entorno que debilita los lazos familiares, limita la responsabilidad personal y condiciona a las personas a vivir según las normas institucionales en lugar de las normas de una sociedad libre.
Eso es un problema.
Pero sacar a la luz el problema no es suficiente.
Si queremos un cambio, tenemos que mostrar una forma mejor de hacerlo.
El objetivo no debe ser avergonzar al sistema penitenciario. El objetivo debe ser mejorar los resultados.
¿Qué resultado quiero?
Quiero que más personas tengan una vía para ganarse la libertad por méritos propios.
Quiero que las personas en prisión tengan incentivos para trabajar en pro de la reconciliación, el crecimiento personal, la educación y la preparación para el éxito.
Quiero un sistema que reconozca una verdad básica:
No podemos cambiar el pasado.
La gente tomó malas decisiones. Esas malas decisiones crearon víctimas, perjudicaron a las comunidades y trajeron consecuencias. Una condena penal conlleva una serie de problemas. Una persona puede pasar por el juicio, la sentencia, el encarcelamiento, el confinamiento comunitario, la libertad supervisada y las consecuencias colaterales a largo plazo que se derivan de ello.
Pero el resultado no debería ser que una persona entre en prisión y salga peor.
Si una persona regresa a casa con una mentalidad equivocada, lazos familiares rotos, sin habilidades, sin un plan de trabajo, sin una red de apoyo y sin una vía legítima para ganarse la vida, la sociedad no se beneficia.
Esa persona puede sentirse excluida del mundo de las oportunidades. Si la sociedad legítima le cierra las puertas, la persona puede derivar hacia el mundo del hampa o alguna otra subcultura que no beneficia a nadie.
Deberíamos aspirar a algo mejor que eso.
Por qué la historia importa
Cuando regresé a la sociedad tras cumplir 26 años en una prisión federal, la Universidad Estatal de San Francisco me invitó a dar clases. Esa oportunidad es una de las razones por las que utilizamos el nombre «Prison Professors».
En la universidad, impartí un curso llamado «La arquitectura del encarcelamiento». Quería que los estudiantes comprendieran cómo se desarrollaron las prisiones y por qué nuestro sistema actual no tiene por qué ser la única respuesta al delito.
Para comprender el sistema penitenciario, debemos mirar atrás.
En épocas anteriores de la civilización occidental, la sociedad no utilizaba las prisiones como las usamos hoy en día. Durante la Edad Media, el castigo solía consistir en castigos corporales. Las autoridades podían ejecutar a una persona, torturarla o utilizar el sufrimiento público como sentencia.
Las prisiones no eran el castigo. Eran lugares de retención hasta que se pudiera llevar a cabo el castigo.
Durante el Renacimiento y los siglos siguientes, algunas personas comenzaron a creer que la sociedad podía hacerlo mejor. En lugar de recurrir únicamente al castigo físico, consideraron otra idea. Dado que todo ser humano dispone de un tiempo limitado, el Estado podía quitarle parte de ese tiempo. La pérdida de libertad se convertiría en el castigo.
Esa idea contribuyó al nacimiento de la prisión moderna.
En Estados Unidos, uno de los primeros modelos se desarrolló en Pensilvania. La palabra «penitenciaría» proviene de la idea de penitencia. Los cuáqueros creían que si una persona se sentaba sola en una celda con una Biblia, podría reflexionar, arrepentirse y volver a la sociedad como una persona mejor.
Esa era la teoría.
Cuando se instauró el sistema penitenciario, una pena de prisión de larga duración podía significar 18 meses. Hoy en día, hay personas que cumplen condenas de décadas y, a veces, de cadena perpetua.
Eso debería hacernos reflexionar.
El nacimiento de la prisión puede haber sido un avance respecto al castigo corporal. Pero en los últimos 200 años, no hemos avanzado lo suficiente. Seguimos midiendo la justicia por el número de páginas del calendario que pasan.
Deberíamos plantearnos una pregunta mejor:
¿Qué podemos hacer para mejorar los resultados?
Medir el tiempo no es suficiente
Una condena larga puede satisfacer el deseo de castigo de la sociedad.
Pero una condena larga no convierte automáticamente a una persona en mejor.
El tiempo por sí solo no genera responsabilidad.
El tiempo por sí solo no enseña habilidades de comunicación.
El tiempo por sí solo no restaura las relaciones familiares.
El tiempo por sí solo no prepara a una persona para el empleo.
El tiempo por sí solo no ayuda a una persona a comprender el daño que ha causado ni los pasos que debe dar para repararlo.
Si queremos que las personas se reincorporen a la sociedad como ciudadanos respetuosos con la ley y que contribuyen a ella, necesitamos un sistema que les anime a desarrollar los hábitos, las habilidades y la mentalidad que la sociedad valora.
Eso significa que debemos dejar de basarnos únicamente en el calendario.
También debemos tener en cuenta los méritos.
¿Qué ha hecho la persona con ese tiempo?
¿Ha aprendido?
¿Ha madurado?
¿Ha documentado su progreso?
¿Ha elaborado un plan de salida?
¿Ha mejorado sus habilidades de comunicación?
¿Ha trabajado para reconciliarse con la sociedad?
¿Ha creado una red de apoyo?
¿Ha demostrado que se está preparando para vivir como un ciudadano responsable?
Esas preguntas son importantes.
Hagamos que la cárcel se parezca más a Estados Unidos
En Estados Unidos, incentivamos la búsqueda de la excelencia.
Si una persona trabaja más duro, aprende más, crea más valor, establece relaciones más sólidas o contribuye más, esa persona puede abrirse nuevas oportunidades. Puede conseguir ascensos. Puede crear un negocio. Puede comprar una propiedad. Puede elegir dónde vivir. Puede elegir qué estudiar. Puede elegir a las personas con las que se relaciona.
La prisión funciona de manera diferente.
En la cárcel, el sistema a menudo hace que las personas sean iguales.
La gente lleva la misma ropa.
Comen la misma comida.
Viven según el mismo horario.
Se les dice adónde ir, cuándo moverse, qué estudiar y qué programas pueden o no estar disponibles.
Hay pocas pertenencias personales.
Hay pocas oportunidades para labrarse una vida independiente.
El sistema enseña a obedecer, pero la sociedad exige iniciativa.
Eso es un problema.
Si queremos que las personas tengan éxito en la sociedad, debemos darles oportunidades para practicar las habilidades que la sociedad valora. Deben aprender a fijarse metas, hacer planes, crear herramientas, medir el progreso, comunicarse de manera eficaz y contribuir al bienestar de los demás.
En algunos países escandinavos, el modelo penitenciario se centra más en la normalización y la preparación para una vida respetuosa con la ley. Su objetivo no es solo el castigo. Su objetivo es ayudar a las personas a reintegrarse en la sociedad mejor preparadas para vivir de forma responsable.
Podemos aprender de ese enfoque.
No estoy diciendo que ignoremos la responsabilidad.
La responsabilidad importa.
Pero la responsabilidad debe incluir algo más que el sufrimiento. Debe incluir el trabajo. Debe incluir el crecimiento. Debe incluir un historial de progreso. Debe incluir un camino que permita a una persona ganarse mayores niveles de libertad por méritos propios.
Por qué es importante la libertad ganada
En Prison Professors, utilizamos la expresión «libertad ganada» porque representa el tipo de reforma que queremos impulsar.
La libertad ganada no significa que una persona evite las consecuencias.
La libertad ganada significa que una persona se esfuerza por construir un historial que demuestre por qué es digna de mayor confianza.
Ese historial puede ayudar en muchas etapas del proceso, entre ellas:
La sentencia
Adaptación a la prisión
Créditos de la Ley del Primer Paso
Asignación en virtud de la Ley de la Segunda Oportunidad
Confinamiento comunitario
Confinamiento domiciliario
Libertad supervisada
Terminación anticipada de la libertad supervisada
Indulto
Empleo
Reunificación familiar
El principio es sencillo.
Si la sociedad quiere comunidades más seguras, deberíamos querer que las personas en prisión se esfuercen por convertirse en ciudadanos respetuosos con la ley y que contribuyan a la sociedad. Y si hacen ese esfuerzo, el sistema debería crear incentivos que reconozcan su progreso.
Así es como pasamos del mero castigo a la preparación.
¿Qué puede hacer una persona en prisión?
Una persona en prisión no puede cambiar el pasado.
Quizá no pueda cambiar el sistema.
Quizá no pueda cambiar la opinión pública.
Pero siempre puede trabajar para cambiarse a sí mismo.
Ahí es donde empieza el trabajo.
Cuando cumplí mi condena, tuve que aprender esa lección. No podía controlar la condena. No podía controlar las políticas de la prisión. No podía controlar lo que los demás pensaban de mí. Pero sí podía controlar cómo empleaba mi tiempo.
Podía leer.
Podía escribir.
Podía hacer ejercicio.
Podía entablar relaciones.
Podía aprender de los líderes.
Podía crear un plan.
Podría documentar el progreso.
Podría prepararme para el día en que volviera a la sociedad.
Esas decisiones cambiaron mi vida.
No creé esas estrategias por mi cuenta. Los líderes me enseñaron. Aprendí de personas como Sócrates, Frederick Douglass, Viktor Frankl, Nelson Mandela, Mahatma Gandhi y otros que pasaron por dificultades pero siguieron viviendo con un propósito.
Me enseñaron que una persona puede crecer a través de la adversidad.
Esa lección marcó mi adaptación durante 26 años en prisión. También marcó el trabajo que hacemos en Prison Professors.
Los cinco resultados
A través de mi propia experiencia, y tras trabajar con miles de personas tras mi reincorporación a la sociedad, he observado cinco resultados que esperan a las personas tras salir de prisión:
Desempleo
Subempleo
La falta de hogar
Más problemas con la ley
Éxito
Nadie debe esperar que el éxito llegue por casualidad.
Una persona que quiera triunfar debe prepararse a conciencia.
Eso significa definir qué es el éxito. Significa crear un plan. Significa establecer prioridades. Significa desarrollar herramientas, tácticas y recursos. Significa medir el progreso. Significa actuar cada día.
Esas estrategias me funcionaron. Pueden funcionar para otros.
Pero requieren acción.
Una persona no puede esperar a que el sistema cambie. No puede esperar a que a los miembros del personal les importe. No puede esperar a que la sociedad lo entienda. Debe empezar a labrarse un historial ahora mismo.
La Plataforma Profiles
Esa es una de las razones por las que creamos la Plataforma Profiles.
La Plataforma Profiles ofrece a las personas una forma de inmortalizar su trabajo. Les ayuda a documentar los pasos que están dando para prepararse para el éxito. Les proporciona un lugar donde mostrar su biografía, entradas de diario, reseñas de libros, plan de salida, testimonios y otras pruebas de su crecimiento.
¿Por qué es importante?
Porque las partes interesadas necesitan pruebas.
Un juez puede querer saber qué ha hecho una persona desde que se dictó la sentencia.
Un gestor de casos puede querer saber si una persona se ha preparado para la reinserción en la comunidad.
Un agente de libertad condicional puede querer saber si una persona ha elaborado un plan sólido.
Un empleador puede querer saber si una persona es capaz de comunicarse, mostrar disciplina y aportar valor.
Un familiar puede querer ver esperanza.
Un responsable político puede querer datos que demuestren que las personas pueden cambiar cuando se les dan incentivos para alcanzar la excelencia.
El perfil se convierte en un registro vivo.
Dice:
No estoy esperando a que llegue la libertad.
Me estoy preparando para ella.
No le pido a la gente que ignore mi pasado.
Estoy mostrando lo que estoy haciendo hoy para construir un futuro mejor.
Ese historial puede convertirse en una ventaja.
Construye la historia que convenza
Si queremos mejorar el sistema penitenciario, tenemos que construir una historia que convenza a quienes aún no están convencidos.
Esa historia no debe comenzar con ira.
Debe comenzar con los resultados.
Podemos decir:
Todos queremos comunidades más seguras.
Todos queremos menos víctimas.
Todos queremos que bajen las tasas de delincuencia.
Todos queremos que las personas que salen de prisión se conviertan en ciudadanos respetuosos con la ley y que contribuyan a la sociedad.
Entonces nos preguntamos:
¿Qué tipo de sistema tiene más probabilidades de producir ese resultado?
¿Un sistema que encierra a las personas durante años sin incentivos para su crecimiento?
¿O un sistema que anime a las personas a aprender, construir, documentar, reconciliarse y ganarse mayores niveles de libertad por méritos propios?
Cuando planteamos la cuestión de esa manera, empezamos a llegar a un público más amplio.
No estamos pidiendo a la sociedad que se preocupe únicamente por las personas que están en prisión.
Le estamos mostrando a la sociedad que unos mejores resultados en las prisiones benefician a todos.
Las familias se benefician.
Las comunidades se benefician.
Los contribuyentes se benefician.
Los empleadores se benefician.
La seguridad pública se beneficia.
Esa es la historia que debemos construir.
¿Cuál es tu trabajo?
Si estás en prisión, tu trabajo no es poner en evidencia al sistema.
Tu trabajo es prepararte para el éxito.
Eso no significa que debas ignorar la injusticia. Significa que debes centrar tu energía donde pueda producir el mayor rendimiento.
Pregúntate:
¿Qué puedo hacer hoy para convertirme en un candidato más sólido para alcanzar mayores niveles de libertad?
¿Qué puedo leer?
¿Qué puedo escribir?
¿Qué puedo aprender?
¿Qué plan puedo elaborar?
¿Qué relación puedo fortalecer?
¿Qué registro puedo documentar?
¿Qué habilidad puedo desarrollar?
¿Cómo puedo demostrar que estoy trabajando para reconciliarme con la sociedad?
Esas preguntas llevan a la acción.
Y la acción conduce a la evidencia.
Cuando más personas aportan pruebas de su crecimiento, reforzamos el argumento a favor de la reforma. Demostramos que las personas pueden cambiar. Demostramos que los incentivos importan. Demostramos que la libertad ganada no es un eslogan. Es una estrategia.
El papel de Prison Professors
Prison Professors existe para ayudar a las personas a prepararse para el éxito en cada etapa del camino.
Creamos libros, cursos, vídeos, lecciones de audio y contenido diario gratuitos. Diseñamos nuestros recursos para personas antes de la cárcel, durante la cárcel y después de la cárcel. También creamos recursos para familias, educadores, abogados defensores, administradores y otras personas que desean mejores resultados.
Nuestra misión no es quejarnos del sistema.
Nuestra misión es crear herramientas que ayuden a las personas a crecer dentro del sistema.
Queremos que las personas se vuelvan autónomas.
Queremos que piensen de forma diferente.
Queremos que se preparen para el mercado laboral.
Queremos que desarrollen habilidades de comunicación.
Queremos que comprendan la responsabilidad personal.
Queremos que documenten un historial de crecimiento que les permita defenderse por sí mismos.
Queremos que se conviertan en ciudadanos respetuosos con la ley y que contribuyan a la sociedad.
Así es como marcamos la diferencia.
Un camino mejor hacia el futuro
Podemos seguir midiendo la justicia solo en función del tiempo.
O podemos construir un sistema mejor.
Podemos seguir enviando a la gente a la cárcel y esperar que vuelvan a casa mejor.
O podemos crear incentivos que les animen a mejorar.
Podemos seguir aceptando altas tasas de fracaso.
O podemos preguntarnos qué es lo que funciona.
La respuesta empieza por la responsabilidad personal. Empieza cuando una persona decide que ya no se definirá únicamente por las peores decisiones de su vida. Empieza con el trabajo diario. Empieza con el compromiso de prepararse para el éxito, aunque el sistema no facilite ese camino.
Ese es el mensaje que quiero compartir.
No gastes toda tu energía tratando de desenmascarar el sistema penitenciario.
Dedica tu energía a crear un historial que demuestre lo que es posible.
Si hay suficientes personas que lo hagan, crearemos la evidencia que puede cambiar el sistema.
Crearemos un movimiento.
Demostramos que las personas pueden ganarse la libertad por méritos propios.
Demostramos que la preparación conduce a mejores resultados.
Demostramos que la sociedad no tiene que elegir entre la responsabilidad y la esperanza. Podemos tener ambas cosas.
Soy Michael Santos, fundador de Prison Professors.
Creo en ti.
Pregunta para la reflexión personal: ¿Qué historial estás construyendo hoy que demuestre a los demás que te estás preparando para vivir como un ciudadano respetuoso con la ley y contribuyente, digno de mayor confianza?