He recibido una pregunta de un miembro de nuestra comunidad sobre la vida tras salir de prisión.
La pregunta tenía varias partes. ¿Se puede conseguir una hipoteca después de salir de la cárcel? ¿Se puede construir un historial crediticio? ¿Se puede empezar una carrera profesional con antecedentes penales?
Son buenas preguntas. También son preguntas prácticas. Cualquiera que pase por el sistema debería pensar en la vivienda, el crédito, los ingresos, el empleo y la estabilidad a largo plazo. Las familias también deberían pensar en esas cuestiones.
Pero quiero empezar con una pregunta diferente:
¿Qué estás haciendo hoy para ser más valioso mañana?
Esa pregunta es importante porque la vida después de la cárcel no empieza el día que una persona sale por la puerta. La vida después de la cárcel comienza con las decisiones que una persona toma mientras recorre ese camino. Cada día nos brinda una oportunidad para construir. Cada día nos brinda una oportunidad para desarrollar habilidades. Cada día nos brinda una oportunidad para crear un historial que demuestre que nos estamos preparando para una vida respetuosa con la ley y contributiva.
Conozco ese camino porque tuve que recorrerlo.
Cuando las autoridades me detuvieron en 1987, tenía 23 años. Nunca había tenido una carrera profesional seria. Había tomado malas decisiones. Esas decisiones me llevaron a una larga condena. Cumplí 9.500 días en una prisión federal. Durante esos años, tuve que reflexionar profundamente sobre cómo sería mi vida cuando volviera a la sociedad.
No esperaba que los empleadores hicieran cola para contratarme.
No esperaba que los prestamistas me dijeran: «Michael, nos encantaría financiar tu casa».
No esperaba que la gente olvidara que había pasado décadas en prisión.
En cambio, esperaba resistencia. Esperaba escepticismo. Esperaba que la gente me juzgara por la peor decisión que había tomado jamás. Esas expectativas no me desanimaron. Me ayudaron a prepararme.
Si quería tener éxito tras salir de prisión, tenía que empezar a construir mi futuro mientras aún estaba dentro.
Prepararse para un mundo en constante cambio
Las personas que están en prisión no siempre comprenden del todo lo rápido que cambia la sociedad.
Cuando empecé a cumplir mi condena, las herramientas que la gente usa hoy en día no existían. No había internet tal y como lo conocemos. No había teléfonos inteligentes. No existía LinkedIn. No había plataformas digitales que permitieran a la gente trabajar desde cualquier lugar. No había herramientas sencillas para publicar, crear, aprender, construir audiencias o desarrollar fuentes de ingresos.
Hoy en día, la tecnología mejora constantemente. No deja de crecer. Quienes se preparan pueden utilizar esas herramientas para forjarse carreras, crear negocios, establecer relaciones y generar oportunidades que las generaciones anteriores no podían ni imaginar.
Pero la preparación debe comenzar antes de la puesta en libertad.
Es posible que una persona no tenga acceso a Internet mientras está dentro. Es posible que una persona no pueda abrir un ordenador portátil, crear una página web o desarrollar un negocio digital mientras se encuentra en una celda. Aun así, esa persona puede desarrollar las habilidades que harán que esas herramientas le resulten útiles más adelante.
Una persona puede aprender a escribir.
Una persona puede aprender a comunicarse.
Una persona puede aprender nociones básicas de finanzas.
Una persona puede leer libros sobre negocios, liderazgo, tecnología, ventas, inversiones o desarrollo personal.
Una persona puede llevar un diario.
Una persona puede elaborar un plan de lanzamiento.
Una persona puede recopilar testimonios.
Una persona puede documentar su crecimiento.
Una persona puede crear un conjunto de trabajos que muestre al mundo: soy más que mi convicción. Me estoy preparando para contribuir.
Ese es el trabajo.
Por qué me consideraba inempleable
Cuando miraba mi futuro desde la cárcel, me consideraba inempleable.
No era autocompasión. Era una valoración realista.
Había entrado en prisión a los 23 años. No volvería a la sociedad hasta ser mucho mayor. No tenía un currículum tradicional. No tenía décadas de experiencia laboral. No tenía credenciales profesionales que hicieran que un empleador pasara por alto fácilmente mis antecedentes penales.
Entendía que me enfrentaría a consecuencias colaterales.
Quizá los empleadores no quisieran arriesgarse conmigo. Quizá los bancos no quisieran concederme un préstamo. Quizá los propietarios no quisieran alquilarme una vivienda. Quizá los miembros de la comunidad no supieran cómo juzgarme. Quizá algunas personas solo vieran mi condena.
Una vez que comprendí esas realidades, tuve que tomar una decisión.
Podía quejarme de lo difícil que sería la vida.
O podía empezar a prepararme.
Quejarme no me ayudaría a construir un historial crediticio. Quejarme no me ayudaría a comprar una casa. Quejarme no me ayudaría a generar ingresos. Quejarme no me ayudaría a convencer a nadie de que creyera en mí.
Prepararme sí que podría.
Esa mentalidad lo cambió todo.
En lugar de preguntarme: «¿Quién me dará un trabajo?», empecé a preguntarme: «¿Qué puedo crear que me haga valioso?».
En lugar de preguntarme: «¿Quién me dará una segunda oportunidad?», empecé a preguntarme: «¿Cómo puedo ganarme la confianza?».
En lugar de preguntarme: «¿Me perdonará la sociedad?», empecé a preguntarme: «¿Qué historial puedo crear que demuestre que estoy trabajando para reconciliarme con la sociedad?».
Esas preguntas me dieron una dirección.
La estrategia de tres partes que me guió
Al principio de mi condena, desarrollé una estrategia. No sabía si la estrategia funcionaría, pero creía que me pondría en una mejor posición.
La estrategia constaba de tres partes.
En primer lugar, me formaría.
En segundo lugar, contribuiría a la sociedad de formas significativas y cuantificables.
En tercer lugar, crearía una sólida red de apoyo.
Esas tres prioridades marcaron la forma en que cumplí mi condena. También marcaron las oportunidades que se me abrieron tras mi puesta en libertad.
La educación abre oportunidades
Empecé por la educación porque creía que aprender me haría más útil.
La educación no solo significa obtener un título. Un título puede ayudar, pero la educación es más que un título. La educación significa desarrollar la capacidad de pensar, comunicarse, resolver problemas, comprender a las personas y crear valor.
Una persona en prisión puede no controlar la condena. Puede no controlar la unidad de alojamiento. Puede no controlar las políticas, el personal, los cierres de seguridad o el entorno.
Pero una persona puede controlar la decisión de aprender.
Cada libro puede convertirse en un maestro. Cada entrada en un diario puede convertirse en una herramienta. Cada curso puede convertirse en un paso hacia un futuro mejor. Cada conversación con una persona seria puede convertirse en una oportunidad para crecer.
Cuando la gente me pregunta sobre las salidas profesionales tras la cárcel, les animo a pensar en las habilidades que la sociedad valora.
¿Sabes escribir con claridad?
¿Sabes hablar de forma profesional?
¿Sabes resolver problemas?
¿Sabes trabajar en equipo?
¿Entiendes la tecnología?
¿Sabes administrar el dinero?
¿Eres capaz de mostrar disciplina?
¿Eres capaz de demostrar que eres de fiar?
¿Puedes demostrar que eres capaz de aprender sin que nadie te obligue?
Esas habilidades son importantes en cualquier carrera profesional. También son importantes en los negocios. Son importantes para los empleadores, los prestamistas, los socios, los inversores, los clientes y los miembros de la comunidad.
Cuanto más aprende una persona, más opciones puede crear.
La contribución genera sentido y credibilidad
La educación fue la primera parte de mi estrategia. La contribución fue la segunda.
Quería encontrar formas de contribuir a la sociedad mientras aún estaba en prisión. Puede parecer difícil, pero es posible.
Una persona puede escribir.
Una persona puede ejercer de mentor.
Una persona puede ayudar a otros a aprender.
Una persona puede crear planes de estudio.
Una persona puede documentar lo que está aprendiendo.
Una persona puede crear recursos que puedan ayudar a otra persona a evitar los mismos errores.
Contribuir le dio sentido a mi vida mientras cumplía la condena. También se convirtió en un tema de conversación tras mi reincorporación a la sociedad.
Cuando la gente miraba mi pasado, veía la condena. Pero yo quería que vieran más. Quería que vieran el trabajo que había hecho para crecer. Quería que vieran los libros que había leído, los cursos que había completado, los escritos que había producido, las personas a las que había ayudado y la estrategia de adaptación disciplinada que había seguido.
Ese historial importaba.
Me ayudó a demostrar que no estaba esperando a que pasara el tiempo. Estaba utilizando el tiempo para prepararme.
Las personas que están en prisión deberían pensar de la misma manera. No esperes hasta los últimos seis meses para empezar a pensar en la reinserción. No esperes hasta la puesta en libertad para empezar a pensar en el empleo. No esperes a que un gestor de casos, un agente de libertad condicional, un empleador o un prestamista te pregunte qué has hecho para prepararte.
Empieza ahora.
Construye un historial ahora.
Crea pruebas ahora.
Las redes de apoyo deben basarse en el valor
La tercera parte de mi estrategia consistió en crear una red de apoyo.
Hay quien piensa que una red de apoyo consiste en encontrar personas que les caigan bien. Eso no es suficiente.
Una red de apoyo más sólida surge de personas que ven valor en lo que estás construyendo. Puede que te apoyen porque creen en tu trabajo. Puede que te apoyen porque ven tu disciplina. Puede que te apoyen porque tu crecimiento conecta con algo que les importa.
Mientras estaba en prisión, quería que la gente de la sociedad conociera a la persona en la que me estaba convirtiendo. Escribí cartas. Establecí relaciones. Hice preguntas. Escuché. Busqué formas de contribuir.
Esa red de apoyo se convirtió en un activo.
El apoyo me ayudó en la transición. El apoyo me ayudó a encontrar oportunidades. El apoyo me ayudó a crear negocios. El apoyo me ayudó a comprar una casa. El apoyo me ayudó a seguir construyendo tras mi puesta en libertad.
Pero el apoyo no llegó por casualidad.
Tuve que ganármelo.
Cualquiera que esté pasando por la cárcel puede empezar a crear una red de apoyo. El proceso empieza con la transparencia. Empieza con la responsabilidad. Empieza mostrando a la gente lo que estás haciendo para prepararte.
Esa es una de las razones por las que animamos a los miembros de nuestra comunidad a utilizar la Plataforma de Perfiles. Un perfil puede ayudar a una persona a dejar constancia de su trayectoria. Puede mostrar el crecimiento a lo largo del tiempo. Puede ayudar a los familiares, mentores, empleadores y miembros de la comunidad a ver el trabajo realizado.
Si quieres apoyo más adelante, empieza a generar confianza hoy mismo.
Las consecuencias de las decisiones en prisión
La adaptación de una persona dentro de la prisión influye en las oportunidades fuera de ella.
Esa es una dura realidad, pero es la verdad.
Si una persona pasa años centrándose en las cosas equivocadas, habrá consecuencias. Si una persona se centra en controlar la sala de televisión, discutir sobre dónde se sienta la gente, unirse a grupitos o limitar las relaciones solo a personas de un mismo origen, esa persona puede perder un tiempo valioso.
Todo entorno tiene distracciones. La prisión tiene muchas distracciones. Algunas personas se adaptan a la cultura del confinamiento y olvidan que aún se están preparando para la sociedad.
Pero el mercado laboral no premia a una persona por saber cómo desenvolverse en la política de la prisión. Los empleadores, los prestamistas y los socios comerciales quieren saber si una persona es capaz de resolver problemas, comunicarse, llevar las cosas a cabo y crear valor.
Por eso animo a la gente a pensar de forma diferente desde el principio.
No te preguntes solo: «¿Qué trabajo me estará esperando?».
Pregunta: «¿Qué estoy haciendo hoy para convertirme en el tipo de persona que un empleador querría contratar?».
No te preguntes solo: «¿Me concederá un prestamista una hipoteca?».
Pregunta: «¿Qué historial estoy construyendo que haga que un prestamista, un vendedor, un socio o un inversor confíe en mí?».
No te preguntes solo: «¿Puedo crear un historial crediticio?».
Pregúntate: «¿Qué hábitos financieros estoy desarrollando ahora para poder gestionar el crédito de forma responsable más adelante?».
Esas preguntas conducen a mejores decisiones.
Crear fuentes de ingresos tras salir de prisión
Cuando volví a casa, sabía que tenía que generar ingresos.
Quería crear negocios. Quería generar oportunidades. Quería utilizar las lecciones que había aprendido durante 26 años en prisión para aportar valor a otras personas.
Eso requería preparación.
Los ingresos no provienen únicamente de tener un trabajo. Un trabajo puede ser importante, y muchas personas necesitarán empleo tras su puesta en libertad. Pero los ingresos también pueden provenir de habilidades, servicios, productos, la escritura, la oratoria, la enseñanza, la consultoría, la tecnología, las ventas o el emprendimiento.
Cuantas más habilidades desarrolle una persona, más oportunidades de ingresos podrá aprovechar.
Una persona que aprende a comunicarse bien puede redactar currículos, cartas, propuestas, planes de negocio, planes de reinserción y mensajes de venta.
Una persona que aprende tecnología puede desarrollar las habilidades digitales que necesitan los empleadores.
Una persona que estudia finanzas puede aprender cómo funcionan el crédito, la elaboración de presupuestos, el ahorro, la inversión y los préstamos.
Una persona que estudia liderazgo puede llegar a ser más valiosa en cualquier organización.
Una persona que documenta su trayectoria puede generar credibilidad que le abre puertas.
La clave está en prepararse antes de que surja la oportunidad.
Animo a la gente a pensar en los ingresos por niveles.
El primer nivel puede ser el ingreso de supervivencia. Eso significa conseguir un trabajo, pagar las facturas y estabilizar la vida.
El segundo nivel puede ser el ingreso basado en habilidades. Eso significa utilizar habilidades específicas para crear más valor.
El tercer nivel puede ser el ingreso por negocios o inversiones. Eso significa crear activos que puedan generar oportunidades con el tiempo.
No todo el mundo seguirá el mismo camino. Pero todo el mundo puede empezar a prepararse.
La importancia de un colchón financiero
Mientras estaba en prisión, me fijé un objetivo. Quería volver a casa con suficiente dinero en el banco para vivir durante un año completo, tuviera trabajo o no.
Esa meta era importante porque comprendía el peligro de la desesperación.
Si una persona vuelve a casa sin dinero, sin un plan y sin apoyo, puede sentirse atrapada. El primer trabajo puede convertirse en otro tipo de prisión porque la persona no puede permitirse marcharse, no puede permitirse crecer y no puede permitirse tomar decisiones estratégicas.
El dinero le da opciones a una persona.
No estoy diciendo que todo el mundo vaya a poder ahorrar los gastos de subsistencia de un año completo antes de salir en libertad. Muchas personas se enfrentan a circunstancias económicas difíciles. Las familias pueden pasar apuros. Los salarios en prisión pueden ser bajos. Las oportunidades pueden ser limitadas.
Aun así, el principio es importante.
Planifica con antelación.
Ahorra lo que puedas.
Aprende cómo funciona el dinero.
Evita las deudas innecesarias.
Piensa en la vivienda antes de salir en libertad.
Piensa en el transporte.
Piensa en la comida.
Piensa en la ropa.
Piensa en los documentos de identidad.
Piensa en el crédito.
Piensa en el costo de la supervisión, la restitución, la manutención de los hijos u otras obligaciones.
Un plan de reinserción debe incluir una planificación financiera. Sin planificación financiera, la reinserción se vuelve mucho más difícil.
Hipotecas, crédito y reputación
¿Puede una persona obtener una hipoteca después de salir de prisión?
Sí, pero el camino puede no ser fácil. Puede que no siga la ruta tradicional. Es posible que la persona tenga que construir un historial crediticio, ingresos, ahorros, relaciones y un historial de responsabilidad.
Cuando volví a casa, compré mi primera casa en cuatro días. No utilicé una hipoteca tradicional. Compré esa casa gracias a la fuerza de carácter, la preparación y las relaciones que había construido mientras cumplía mi condena.
Eso no sucedió por casualidad.
Sucedió porque me había labrado un historial. Me había ganado la confianza. Había establecido relaciones con personas que podían ver que me tomaba en serio mi compromiso de vivir como un ciudadano respetuoso con la ley y que contribuye a la sociedad.
Esa lección se aplica al crédito, a las hipotecas y a las oportunidades de negocio.
Los prestamistas evalúan el riesgo. Los empleadores evalúan el riesgo. Los arrendadores evalúan el riesgo. Los socios comerciales evalúan el riesgo.
Una condena penal puede hacer que vean más riesgo.
Tu trabajo consiste en construir un historial que les ayude a ver responsabilidad, disciplina, preparación y valor.
Ese historial puede incluir:
Una biografía que demuestre responsabilidad personal.
Un plan de reinserción que demuestre claridad de ideas.
Un diario que demuestre disciplina diaria.
Reseñas de libros que demuestren el aprendizaje.
Certificados que demuestren la finalización de cursos.
Testimonios que demuestran apoyo.
Historial laboral o contribuciones como voluntario que demuestren fiabilidad.
Un presupuesto que demuestre planificación financiera.
Un plan de ingresos que demuestre realismo.
Cuanta más evidencia acumules, más sólido será tu caso.
Hazte dueño de tu historia
Si no cuentas tu historia, otros la contarán por ti.
Pueden utilizar expedientes judiciales. Pueden utilizar comunicados de prensa. Pueden utilizar artículos antiguos. Pueden utilizar el peor día de tu vida para definir el resto de tu vida.
Por eso animo a la gente a que se haga dueña de su propia historia.
Di la verdad.
No minimices el pasado.
No culpes a los demás.
No pongas excusas.
Explica lo que pasó. Explica lo que has aprendido. Explica lo que estás haciendo para enmendarlo. Explica cómo te estás preparando para un futuro mejor.
Ese tipo de historia puede convertirse en una ventaja.
Una biografía no es solo una historia personal. Es una estrategia. Ayuda a la gente a entender en quién te estás convirtiendo. Ofrece a las partes interesadas una perspectiva diferente desde la que verte.
Una persona que se prepara para la vida después de la cárcel debería empezar a escribir esa historia lo antes posible.
Utiliza la plataforma Profiles para crear un historial
En Prison Professors, animamos a las personas a documentar su trayectoria a través de la Plataforma Profiles.
La razón es sencilla: la preparación debe ser visible.
Si una persona está esforzándose por cambiar, debe crear un historial de ese trabajo. Un perfil puede ayudar a organizar ese historial. Puede incluir una biografía, entradas de diario, reseñas de libros, un plan de reinserción, testimonios y otras pruebas de crecimiento.
Ese historial puede ayudar a la autodefensa.
Puede ayudar a una persona a prepararse para el empleo.
Puede ayudar a los familiares a comprender el progreso.
Puede ayudar a los mentores a ofrecer una mejor orientación.
Puede ayudar a las partes interesadas a ver el compromiso de la persona con su crecimiento.
Puede ayudar a iniciar conversaciones sobre el confinamiento comunitario, la libertad supervisada, el indulto u otras oportunidades.
Ningún perfil garantiza un resultado. Ningún documento garantiza la libertad. Ningún plan de puesta en libertad garantiza un empleo. No creo en las palabras vacías.
Pero la preparación mejora las perspectivas de una persona.
La documentación genera pruebas.
Las pruebas dan a las partes interesadas algo que considerar.
Por eso seguimos animando a la gente a construir.
Un plan práctico para la vida después de la cárcel
Cualquiera que se prepare para la vida tras la cárcel debe empezar con un plan claro.
Define el éxito.
¿Qué tipo de vida quieres construir un año después de la puesta en libertad? ¿Cinco años después? ¿Diez años después?
Establece prioridades.
¿En qué debes trabajar primero? ¿En la educación? ¿En la comunicación? ¿En la educación financiera? ¿En la salud? ¿En las relaciones familiares? ¿En la restitución? ¿En las habilidades profesionales?
Desarrolla herramientas, estrategias y recursos.
¿Qué libros vas a leer? ¿Qué cursos vas a completar? ¿Qué vas a escribir? ¿Con qué mentores vas a contactar? ¿Qué habilidades vas a practicar?
Mide el progreso.
¿Cómo sabrás si estás avanzando? ¿Cuántos libros has leído? ¿Cuántas entradas has escrito en tu diario? ¿Cuántas cartas has enviado? ¿Cuánto dinero has ahorrado? ¿Cuántos testimonios has recopilado?
Ponlo en práctica a diario.
Un plan solo importa si una persona lo pone en práctica.
Esa es la disciplina.
El éxito tras la cárcel no se consigue con buenos deseos. No se consigue con eslóganes. No se consigue culpando al sistema. Se consigue preparándose, documentando, construyendo, ajustando y siguiendo adelante.
Las familias pueden ayudar
Las familias desempeñan un papel importante en este proceso.
Si tienes a un ser querido en prisión, anímale a pensar en el futuro. Haz preguntas que le ayuden a prepararse.
¿Qué estás leyendo?
¿Qué estás aprendiendo?
¿Qué objetivos te has fijado?
¿Qué estás escribiendo?
¿Cómo estás documentando tu crecimiento?
¿Qué tipo de trabajo quieres hacer cuando salgas?
¿Qué habilidades estás desarrollando ahora?
¿Qué apoyo necesitas?
¿Cómo podemos ayudarte a crear un historial?
Las familias no deben hacer el trabajo por la persona que está dentro. La persona que está dentro debe tomar la iniciativa. Pero las familias pueden animar, organizar, escribir a máquina, guardar documentos, enviar libros, ayudar a crear un perfil y exigir responsabilidades.
El apoyo funciona mejor cuando refuerza la responsabilidad.
Sin palabrería
Quiero ser claro.
La vida después de la cárcel puede ser dura.
Los antecedentes penales pueden suponer un obstáculo. Los largos periodos sin empleo pueden suponer un obstáculo. Un historial crediticio deficiente puede suponer un obstáculo. Unas habilidades tecnológicas limitadas pueden suponer un obstáculo. Unos sistemas de apoyo débiles pueden suponer un obstáculo.
No minimizo esos retos.
Pero también sé que la gente puede superarlos.
Cumplí 26 años en prisión. Regresé a casa después de 9.500 días. Tuve que volver a aprender a vivir en sociedad. Tuve que aprender a usar la tecnología. Tuve que generar ingresos. Tuve que construir un historial crediticio. Tuve que crear negocios. Tuve que ganarme la confianza de los demás.
El trabajo no terminó cuando salí de la cárcel.
El trabajo continuó.
Y aún continúa.
Por eso le digo a la gente: no pospongas la preparación. No esperes hasta la puesta en libertad. No esperes hasta el centro de reinserción social. No esperes hasta el último año. Empieza ahora.
Cuanto antes empiece una persona, más tiempo tendrá para construir.
La mentalidad del constructor
Soy un constructor.
Estuve construyendo mientras cumplía mi condena. Sigo construyendo hoy.
Esa mentalidad me ayudó a superar la cárcel y sigue guiando mi vida. Miro los problemas y me pregunto: ¿Qué puedo construir a partir de esto? ¿Qué lección puedo aprender? ¿Qué herramienta puedo crear? ¿Qué valor puedo ofrecer? ¿Qué historial puedo desarrollar? ¿Para qué oportunidad puedo prepararme a continuación?
Las personas en prisión pueden desarrollar la misma mentalidad.
Una persona puede construir conocimiento.
Una persona puede desarrollar disciplina.
Una persona puede desarrollar habilidades de comunicación.
Una persona puede elaborar un plan de reinserción.
Una persona puede crear una red de apoyo.
Una persona puede crear un perfil.
Una persona puede crear oportunidades de ingresos.
Una persona puede mejorar su historial crediticio.
Una persona puede construir una nueva vida.
Pero construir requiere actuar.
Nadie puede hacerlo por nosotros.
Palabras finales
Si estás en prisión, o si quieres a alguien que está en prisión, piensa en el futuro con honestidad.
La vida después de la cárcel es dura.
Pero es mucho más difícil para quienes no se preparan.
Una persona que se prepara puede reincorporarse a la sociedad con un plan, un historial, una red de apoyo y un sentido de propósito más firme. Una persona que se prepara puede entablar conversaciones que de otro modo no existirían. Una persona que se prepara puede demostrar a los empleadores, prestamistas, arrendadores, agentes de libertad condicional, gestores de casos y miembros de la comunidad que el pasado no es toda la historia.
El trabajo empieza hoy.
Lee.
Escribe.
Aprende.
Documenta.
Construye.
Contribuye.
Elabora un plan.
Mide el progreso.
Utiliza la Plataforma de Perfiles para inmortalizar el viaje.
Demuéstrale al mundo que te estás preparando para el éxito, no esperando a que otra persona defina tu futuro.
Creo en ese trabajo porque ese trabajo cambió mi vida. Nunca le pediré a nadie que haga algo que yo no haya hecho. Sé que el camino es difícil. También sé que la preparación puede abrir oportunidades.
La cuestión no es solo si puedes conseguir una hipoteca, construir un historial crediticio o iniciar una carrera profesional tras salir de prisión.
La mejor pregunta es esta:
¿Qué estás haciendo hoy para convertirte en un candidato más sólido para las oportunidades que deseas mañana?