El día que salí de prisión, lo hice con la firme determinación de reconstruir mi vida. El lunes 13 de agosto de 2012, Carole me llevó en coche desde la prisión de Atwater hasta un centro de reinserción social en San Francisco. Al final de esa primera semana, firmé un acuerdo para comprar una casa.
En una época en la que nuestro país luchaba contra la recesión, la propiedad inmobiliaria me pareció un camino claro hacia la estabilidad financiera y el crecimiento. Mis mentores me habían enseñado que las oportunidades suelen surgir en circunstancias económicas difíciles, si tenemos el valor de aprovecharlas.
Durante la siguiente década, participé en transacciones inmobiliarias por valor de millones de dólares. Esas inversiones generaron millones en ganancias para Carole y para mí. Teníamos un plan sencillo: poseer activos que se revalorizaran y aprovecharlos para adquirir más. Sin embargo, un mentor de mi etapa en prisión siempre me recordaba la importancia de ser flexible. Si una estrategia ya no sirve para nuestros objetivos, tenemos el derecho —y la responsabilidad— de cambiar de rumbo.
Mirando atrás, reconozco que los bienes raíces cumplieron un propósito importante en un momento de mi vida. Sin embargo, a medida que evolucioné personal y profesionalmente, surgieron nuevas perspectivas. Carole y yo hemos sido propietarios y administradores de 11 propiedades diferentes. Sin embargo, en los últimos años, hemos estado vendiendo estas propiedades. ¿Por qué? Porque, a medida que nuestro mundo cambiaba, también lo hacía el equilibrio entre el riesgo y la recompensa.
Durante la pandemia, por ejemplo, las políticas gubernamentales hicieron más difícil cobrar el alquiler o desalojar a los inquilinos morosos, mientras que los pagos de la hipoteca y los gastos de mantenimiento seguían siendo nuestra responsabilidad. Los requisitos de los seguros se volvieron más complejos. Además, las inversiones en viviendas unifamiliares podían ser ilíquidas y vulnerables a los cambios en la normativa.
Aunque los bienes raíces tenían ventajas innegables, como el apalancamiento y la posible revalorización, ya no se ajustaban a nuestras prioridades. Quería centrarme en inversiones que se movieran más rápidamente y que posiblemente proporcionaran mejores rendimientos, como las empresas que promueven la inteligencia artificial o el Bitcoin.
Las inversiones que hago no son adecuadas para todo el mundo. Cada persona debe invertir tiempo en investigar y aprender sobre las diferentes oportunidades. Las lecciones que aprendí durante los 26 años que pasé en prisión, y desde que salí, influyen en las decisiones que tomo cada día.
Carole y yo nos hemos fijado el objetivo de liquidar cualquier activo que tenga un baño antes de que termine 2025. Eso no quiere decir que los bienes raíces no sean una buena inversión para algunas personas. Pero en esta etapa de nuestra vida, Carole y yo hemos decidido tomar un rumbo diferente. Elegir un camino durante una temporada no nos obliga a seguirlo para siempre, como aprendí de Marshall Goldsmith. En cambio, debemos seguir evolucionando, aprendiendo y adaptando nuestras estrategias a medida que adquirimos más conocimientos y experiencias.
Pregunta de aprendizaje autodirigido:
- ¿Cómo puedes evaluar las estrategias que utilizas actualmente, ya sea en finanzas, crecimiento personal u otras áreas de la vida, y decidir cuándo es el momento de dar un giro hacia un mayor potencial?