Si un juez federal te ha condenado a una pena de prisión, el primer día puede parecer abrumador mucho antes de que llegue. Para muchas personas, la ansiedad comienza en el momento de la sentencia y va en aumento a medida que se acerca la fecha de ingreso. Se preguntan cómo serán las primeras horas, qué hará el personal, a quién conocerán y si estarán a salvo.
Entiendo ese miedo.
Cuando las personas se enfrentan al encarcelamiento, la incertidumbre puede convertirse en una forma de castigo en sí misma. Según mi experiencia, una de las mejores formas de reducir ese miedo es sustituir la imaginación por la preparación. En Prison Professors, intentamos ayudar a las personas a prepararse para alcanzar el máximo nivel de libertad lo antes posible, aprendiendo cómo funciona el sistema, documentando el progreso y elaborando una estrategia desde el primer día.
La primera lección: no dejes que el proceso te desconcierte
Si te entregas voluntariamente, el personal seguirá tramitando tu caso a través del sistema. Eso significa que debes esperar procedimientos que pueden resultar intimidantes, aunque sean rutinarios.
Es posible que te esposen. No te asustes.
Ese momento no significa que algo haya salido mal. Por lo general, significa que el personal está siguiendo el protocolo mientras te traslada del área administrativa a la de admisión. La prisión funciona según el protocolo, los procedimientos y el control. En tu primer día, empezarás a ver cuánto de la vida institucional gira en torno a esas tres realidades.
Cuanto más te lo esperes, más tranquilo podrás mantenerte.
Tu tarea no es resistirte al proceso. Tu tarea es atravesarlo con dignidad, serenidad y conciencia.
La admisión no es tu vida
Una vez que el personal verifique tu identidad, es probable que te lleven a la tramitación. Habrá papeleo. Puede que te hagan preguntas médicas. Puede que haya entrevistas con diferentes miembros del personal que simplemente están marcando casillas y completando los pasos requeridos.
Es posible que esperes en una pequeña sala con otras personas.
Si vas a un centro de mínima seguridad, recuerda que las personas que te rodean suelen estar pasando por el mismo tipo de proceso que tú. Eso no significa que debas bajar la guardia. Sí significa que no tienes por qué dejar volar tu imaginación. En muchos casos, el ambiente es mucho menos tenso de lo que la gente temía de antemano.
Probablemente también te tomarán las huellas dactilares, te harán una foto policial y te expedirán una tarjeta de identificación. Esa tarjeta se convierte en parte de la vida cotidiana dentro del centro. Debes contar con llevarla siempre contigo.
Luego viene una de las partes más incómodas del proceso: el cacheo al desnudo.
A nadie le gusta. Nadie se siente cómodo con ello. Pero debes esperarlo. El personal puede inspeccionar tu cuerpo, pedirte que te pongas en cuclillas y tosas, y mirarte la planta de los pies para asegurarse de que no estás introduciendo contrabando en la institución. Si sabes que va a suceder, puedes afrontarlo como un procedimiento en lugar de como una sorpresa.
Esa mentalidad es importante.
Tu adaptación comienza en el momento en que termina el ingreso
Una vez que el personal termine de tramitar tu ingreso, te entregarán ropa y un saco de dormir, y entonces comenzará la verdadera adaptación.
Es entonces cuando empiezas a interactuar con la población reclusa.
En muchos centros de mínima seguridad, es posible que alguien de la comunidad te salude de manera informal. Puede que te ayude a encontrar tu litera, te explique las rutinas básicas o te indique la dirección correcta. A veces, esa persona forma parte de un grupo religioso o simplemente quiere facilitar la transición a los recién llegados.
Sé respetuoso. Presta atención. Usa el buen juicio.
No es necesario que cuentes toda la historia de tu vida. No tienes que demostrar nada. No tienes que hacerte el duro. El primer día, una de las cosas más importantes que puedes hacer es observar.
Stephen Covey escribió que primero debemos buscar comprender, y luego ser comprendidos. Ese es un excelente consejo para el primer día en prisión. Conoce la institución antes de intentar dejar tu huella en ella.
Tu litera es más importante de lo que crees
En muchos centros, el alojamiento es tipo dormitorio. Imagina una gran sala abierta con filas de literas. Ese entorno significa que la asignación de tu litera puede influir mucho en tu adaptación.
Puede que no te toque la mejor habitación el primer día.
No dejes que eso te frustre. La cárcel es un juego a largo plazo. La paciencia y el buen juicio te servirán más que el impulso. A menudo puedes mejorar tu situación con el tiempo, pero el primer día no es el momento de forzar los resultados. El primer día es el momento de empezar a conocer la cultura, el horario y las personalidades que te rodean.
Recuerda: este es un lugar donde estás, no quién eres.
Esa distinción me ayudó a superar muchos años de reclusión. La institución puede controlar tu cuerpo, pero tú sigues teniendo la responsabilidad de controlar tu actitud, tus decisiones y tu plan.
Aprende la distribución física y las normas sociales
Poco después de instalarte en tu zona de literas, empezarás a conocer la propia institución. Eso significa el recinto, el patio, las normas de alojamiento, la capilla, la biblioteca, el servicio médico, el servicio de comidas y los lugares donde trabaja la gente.
Presta atención a dónde se te permite ir y dónde no.
Todas las instituciones tienen normas escritas, pero también tienen costumbres. Ambas cosas importan. Una persona que ignore cualquiera de ellas puede crear problemas innecesarios. El primer día, no debes centrarte en la comodidad. Debes centrarte en comprender.
Esa comprensión incluye los movimientos diarios, los procedimientos de recuento, las rutinas de las comidas, las expectativas laborales y cómo se comunican las personas entre sí. Cuanto más rápido aprendas esos patrones, más estable será tu adaptación.
Empieza a crear tu sistema de comunicación de inmediato
Una de las cosas más prácticas que puedes hacer el primer día es iniciar los trámites para el teléfono, el correo electrónico y las visitas.
Eso significa que debes llegar preparado.
Conoce los nombres, direcciones, números de teléfono y direcciones de correo electrónico de las personas con las que quieres contactar. Mejor aún, prepárate antes de entregarte. Si sabes adónde vas, envíate cartas por correo con antelación para que, cuando llegues, tengas la información necesaria para rellenar formularios y empezar a crear tus canales de comunicación.
Puede parecer sencillo, pero las acciones sencillas suelen reportar enormes ventajas.
La comunicación con el mundo exterior puede ayudarte a estabilizar tus emociones, mantener tu red de apoyo y recordarte que la cárcel es solo un capítulo de tu vida.
Aprovecha el primer día para comenzar tu estrategia de defensa
Demasiadas personas piensan que el primer día en prisión solo se trata de sobrevivir. Animo a la gente a pensar de otra manera.
El primer día es el comienzo de tu estrategia de adaptación.
Eso significa dar todos los pasos posibles para comprender la clasificación, las oportunidades de reducción de pena, las cuestiones relacionadas con la Ley del Primer Paso, las asignaciones de trabajo, las opciones educativas y los sistemas que pueden influir en tu trayectoria durante el encarcelamiento. Si el personal te pide que rellenes cuestionarios relacionados con los programas o la elegibilidad para la reducción de pena, tómate esos formularios en serio.
No dejes pasar el día sin más.
Empieza a pensar como el director general de tu vida. En Prison Professors, enseñamos a las personas a definir el éxito, elaborar un plan, desarrollar herramientas y recursos, y dejar constancia del trabajo que realizan. Ese marco no es abstracto. Se aplica de inmediato, incluso el primer día en prisión. El mismo énfasis en el crecimiento autodirigido, la documentación y la preparación impregna todos nuestros materiales educativos y nuestra estrategia de reinserción.
El objetivo no es impresionar a la gente. El objetivo es prepararse
Cumplí condena en entornos de alta, media, baja y mínima seguridad. Cada entorno tenía su propia cultura. Cada entorno requería estar atento. Pero en todos los entornos, vi la misma verdad:
Una persona disciplinada puede encontrar un camino para salir adelante.
El primer día no se trata de hacerse popular. No se trata de controlarlo todo. No se trata de eliminar todo el miedo.
Se trata de empezar bien.
Empezar bien significa mantener la calma durante el proceso. Significa respetar a los demás sin caer en la ingenuidad. Significa aprender las reglas antes de cuestionarlas. Significa establecer tus canales de comunicación. Significa comenzar tu historial de adaptación lo antes posible.
Y, sobre todo, significa comprender que tu futuro no vendrá determinado únicamente por la sentencia que dicte el juez. También vendrá determinado por las decisiones que tomes una vez que esa sentencia entre en vigor.
Construye desde el primer día
Siempre animo a las personas a prepararse antes de ir a prisión, si pueden. Construye tu perfil. Documenta tus objetivos. Piensa en la historia que quieres que cuenten tus decisiones diarias. Si lo haces, no entrarás en prisión como un participante pasivo. Entrarás con una intención.
Eso importa.
Puede que el sistema vea primero tu condena. Pero con el tiempo, las partes interesadas también pueden ver tu disciplina, tu crecimiento, tu historial y tu preparación. Esos activos no aparecen de la noche a la mañana. Comienzan con lo que elijas hacer el primer día.
No desperdicies ese día en el pánico.
Úsalo para observar. Úsalo para aprender. Úsalo para empezar a construir el camino más sólido posible hacia el futuro.
Pregunta para la reflexión: Si alguien evaluara la forma en que gestionaste tu primer día en prisión, ¿qué diría ese día sobre la persona en la que pretendes convertirte?
